No tengo licencia y no puedo pagar una aún en entrenamiento. Pongo la cruz en pizzero. Me equivoco varias veces, la goma borra menos de lo que debería (pienso que es una trampa para notar tus actos fallidos), me pone nerviosa la gente, y creo que el examinador lo nota. Comienzo a sentir el calor de la tienda sin ventiladores y me pregunto si todas serán iguales.
Nos piden dibujar un hombre bajo la lluvia, en el reverso de la hoja. Mis dotes limitadas para el dibujo y mi infinita torpeza, me (pre)disponen a comenzar un dibujo a toda plana a mano alzada de una chica con paraguas, en una calle con faroles. No está tan mal pienso:espigada, ABC1, de moñito y con los pies bien firmes en la tierra. Me arrepiento en cuanto lo entrego al joven. Es que compréndanme, si no un desorden mental o un enfoque errado, es sólo una concepción diferente de un día de lluvia en la ciudad. A diferencia de la gente normal, a mí sí me gusta el frío y sí me gusta la lluvia. Y siempre ando con ropa ligera. No soporto el calor. Prefiero el frío antes que el calor. Prefiero temblar de frío a la más leve sensación de calor. Prefiero la lluvia antes que el frío. No es un problema de termostato; es una cuestión de preferencias. Y yo la dibujé con faldita corta y polerita de pabilos. Ese tipo de pruebas en vez de demostrar cuan alejada estás de la norma, debería demostrar cuan útil puede resultar ello. Y no, no tengo más defensa que esa. Si hubiese sido un sol, quizás también le hubiera dibujado un paraguas. O le habría hecho un sombrero gigante con flores tropicales encima. No sé. El asunto es que me deprimí, no hay regalos para mí esta navidad.-
